Era un día diferente a los demás días, era el día de mi graduación de la preparatoria. Parto desde el momento que iba a bajar las escaleras para que mencionaran mi nombre, iba a bajar con el mismo chico que baje en la graduación de mi secundaria, lo cual lo hacía más memorable, por el momento. A la hora de bajar y que mencionaran nuestros nombres, todos empezamos a bailar en la pista y claro, termine la preparatoria con mi novio que había tenido ese último año. A la mañana siguiente fui a caminar por los rumbos de una compañera de clase, acompañada de mi hermana. Empezamos a caminar por el lugar y me percato de una cara conocida, era mi compañera de clase, estaba sentada comiendo de un plato unas empanadas de quesadillas, lo cual abre mi apetito y parto mi camino al puesto de comida. Me compro unas quesadillas y unas enchiladas que deleitaban la cultura mexicana en una mordida. Mi hermana cierra el apetito ya que la comida mexicana para ella es muy grasosa. En el momento aparece toda mi familia; la hermana de mi madre toma una porción de chilaquiles con queso y un birote recién hecho, mi madre toma un omelette de nopales con tortillas de la casa, y mi hermana mayor unos chiles rellenos con frijoles y arroz rojo. Al terminar de comer decidimos irnos a casa, ya que el día era tan obscuro de lo nublado y frío que estaba, era un tipo de frío que no se vive en Mexicali, mucho menos a mediados de verano, en este frío, había algo diferente. De camino a casa, íbamos en el carro de mi hermana mayor, un bmw X6 2013, blindado, que hacía que el cielo pareciera que ya estaba totalmente obscuro, y la noche penetrara sobre los últimos rayos de luz que teníamos adentro del vehículo para poder observar nuestros rostros de confusión. En ese momento los vidrios se comenzaron a empañar, y caían pequeñas gotas múltiples en el vidrio del carro. Nos detuvimos a contemplar el cielo, y pude notar como la oscuridad iba trasladándose sobre un edificio muy alto al nivel de dejar a la ciudad en un horario nocturno, pero siendo aun la tarde. Yo no sabía porque pasaba todo esto, solo pensé que los seres humanos somos unos ignorantes y no sabemos cuidar el planeta, es por eso los cambios tan drásticos y comencé a juzgar todos los pequeños detalles que nos hacían recibir ese clima. Bajamos los vidrios de las ventanas y parecía que el frio ya era menos percibible, pero algo raro estaba pasando, el cielo estaba lleno de nubes, y si eras observador, podías ver como sobre esas nubes habían otras más gruesas y rápidas, si, nubes maratoneras, que hacíanse volar de manera muy rápida sobre las de bajo nivel proyectando sombras pequeñas en lo poco de luz que teníamos sobre el pavimento. En una nada de segundos, el cielo comenzó a congelarse con una lamina de hielo paralela abajo del último nivel de nubes, cuando termino de congelarse hasta donde más se pudo, todo se empezó a aclarar, y fue ahí donde las nubes maratoneras salieron a la luz, en forma de pelotitas con patitas, parecían arañas, cada vez iban acercándose mas y mas hacia la lamina de hielo, era como si flotaran en el cielo para poder salir de ese lugar encerrado y frio y poder alcanzar el pavimento. Perdí el aire, comencé a temblar, era lo que yo creía, eran las arañas violinistas que venían desde el cielo nacidas en nubes acuáticas para tocar la tierra y probar unos cuantos humanos. Miles y miles de arañas caminaban sobre la lamina de hielo del cielo, en cualquier momento iba a quebrarse y caer sobre toda la ciudad, mucha gente se refugió en sus casas, cubrió cualquier orificio en el que pudieran entrar y esperaron a lo peor. Mi familia y yo nos quedamos en el carro y cerramos las ventanas, en ese momento la lamina de hielo se quebró, y llovieron las miles y miles de violonistas que había en el cielo, desde muy pequeñas hasta increíblemente grandes, yo no podía creer lo que estaba pasando, era demasiado para mi poca valentía que me quedaba, así que me cubrí con la cobija y cerré los ojos muy fuerte todo el tiempo que pude. Cuando los abrí ya no había ninguna, todas las arañas habían caído como gotas, explotando al caer al pavimento. Ya faltaban tres semanas para mi graduación y revise que no tuviera ninguna picadura.
domingo
La araña violinista
Era un día diferente a los demás días, era el día de mi graduación de la preparatoria. Parto desde el momento que iba a bajar las escaleras para que mencionaran mi nombre, iba a bajar con el mismo chico que baje en la graduación de mi secundaria, lo cual lo hacía más memorable, por el momento. A la hora de bajar y que mencionaran nuestros nombres, todos empezamos a bailar en la pista y claro, termine la preparatoria con mi novio que había tenido ese último año. A la mañana siguiente fui a caminar por los rumbos de una compañera de clase, acompañada de mi hermana. Empezamos a caminar por el lugar y me percato de una cara conocida, era mi compañera de clase, estaba sentada comiendo de un plato unas empanadas de quesadillas, lo cual abre mi apetito y parto mi camino al puesto de comida. Me compro unas quesadillas y unas enchiladas que deleitaban la cultura mexicana en una mordida. Mi hermana cierra el apetito ya que la comida mexicana para ella es muy grasosa. En el momento aparece toda mi familia; la hermana de mi madre toma una porción de chilaquiles con queso y un birote recién hecho, mi madre toma un omelette de nopales con tortillas de la casa, y mi hermana mayor unos chiles rellenos con frijoles y arroz rojo. Al terminar de comer decidimos irnos a casa, ya que el día era tan obscuro de lo nublado y frío que estaba, era un tipo de frío que no se vive en Mexicali, mucho menos a mediados de verano, en este frío, había algo diferente. De camino a casa, íbamos en el carro de mi hermana mayor, un bmw X6 2013, blindado, que hacía que el cielo pareciera que ya estaba totalmente obscuro, y la noche penetrara sobre los últimos rayos de luz que teníamos adentro del vehículo para poder observar nuestros rostros de confusión. En ese momento los vidrios se comenzaron a empañar, y caían pequeñas gotas múltiples en el vidrio del carro. Nos detuvimos a contemplar el cielo, y pude notar como la oscuridad iba trasladándose sobre un edificio muy alto al nivel de dejar a la ciudad en un horario nocturno, pero siendo aun la tarde. Yo no sabía porque pasaba todo esto, solo pensé que los seres humanos somos unos ignorantes y no sabemos cuidar el planeta, es por eso los cambios tan drásticos y comencé a juzgar todos los pequeños detalles que nos hacían recibir ese clima. Bajamos los vidrios de las ventanas y parecía que el frio ya era menos percibible, pero algo raro estaba pasando, el cielo estaba lleno de nubes, y si eras observador, podías ver como sobre esas nubes habían otras más gruesas y rápidas, si, nubes maratoneras, que hacíanse volar de manera muy rápida sobre las de bajo nivel proyectando sombras pequeñas en lo poco de luz que teníamos sobre el pavimento. En una nada de segundos, el cielo comenzó a congelarse con una lamina de hielo paralela abajo del último nivel de nubes, cuando termino de congelarse hasta donde más se pudo, todo se empezó a aclarar, y fue ahí donde las nubes maratoneras salieron a la luz, en forma de pelotitas con patitas, parecían arañas, cada vez iban acercándose mas y mas hacia la lamina de hielo, era como si flotaran en el cielo para poder salir de ese lugar encerrado y frio y poder alcanzar el pavimento. Perdí el aire, comencé a temblar, era lo que yo creía, eran las arañas violinistas que venían desde el cielo nacidas en nubes acuáticas para tocar la tierra y probar unos cuantos humanos. Miles y miles de arañas caminaban sobre la lamina de hielo del cielo, en cualquier momento iba a quebrarse y caer sobre toda la ciudad, mucha gente se refugió en sus casas, cubrió cualquier orificio en el que pudieran entrar y esperaron a lo peor. Mi familia y yo nos quedamos en el carro y cerramos las ventanas, en ese momento la lamina de hielo se quebró, y llovieron las miles y miles de violonistas que había en el cielo, desde muy pequeñas hasta increíblemente grandes, yo no podía creer lo que estaba pasando, era demasiado para mi poca valentía que me quedaba, así que me cubrí con la cobija y cerré los ojos muy fuerte todo el tiempo que pude. Cuando los abrí ya no había ninguna, todas las arañas habían caído como gotas, explotando al caer al pavimento. Ya faltaban tres semanas para mi graduación y revise que no tuviera ninguna picadura.
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